El inicio del porfiriato.

 

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La etapa porfirista representa, en lo político, la era de un dictador decidido a imponer el 
orden y a mantenerse en el poder con el propósito de preservar ese orden y llevar al país 
al progreso económico. Su lema “poca política y mucha administración”, que sintetiza 
ese propósito, significó en la práctica hacer a un lado la legalidad, desdeñando además el 
principio de no reelección que él mismo había institucionalizado al comienzo de su larga 
permanencia a cargo del poder ejecutivo.
En el aspecto económico, el porfiriato introdujo a México al sistema capitalista en el 
marco de la dependencia imperialista, y dio comienzo a la industrialización, tan ansiada 
por los gobiernos mexicanos que le precedieron.
En el ámbito social, la era porfirista presenta agudos contrastes. Por un lado, el 
surgimiento de una clase media nacional, la cual nace y se desarrolla al margen de los 
cuantiosos beneficios que obtenía el capitalista extranjero, y al margen también del enriquecimiento de un pequeño grupo de mexicanos privilegiados del régimen, los llamados 
“científicos”, paladines del crecimiento económico que sustentó el poder político de 
Díaz.
Por otro lado, y en marcado contraste, estaba la clase trabajadora, campesina en su 
mayoría, la cual fue despojada de su propiedad agraria y obligada a trabajar en las haciendas en condiciones de servidumbre y severa explotación, mientras el sector obrero, 
que creció con la industrialización, no gozaba de mejores condiciones de trabajo en las 
fábricas y minas.
El aspecto cultural muestra, en el renglón educativo, la persistencia del positivismo
como filosofía al servicio de la industrialización, exigiendo el requisito del orden para 
alcanzar el progreso. Destacan en este sentido las figuras de algunos ministros que respaldan la ideología del régimen y crean programas e instituciones que no alcanzan niveles 
nacionales y se enfocan a un sector reducido de la población en edad escolar, sobre todo 
al correspondiente a los grupos urbanos de la época.
El porfiriato fue, pues, una etapa de transformación socioeconómica y un arranque 
hacia la modernidad, a pesar de sus fallas y de que el envejecimiento del sistema y la 
prolongada permanencia del dictador dejaron grietas muy profundas y obstáculos sumamente difíciles de vencer.